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LA FORMACIÓN PROFESIONAL Y LA DEMANDA LABORAL: El caso de los relacionadores industriales en Lima

 

  • Mg. Arístides Vara Horna (Universidad San Martín de Porres)

  • Dra. Catalina Guzmán Melgar (Universidad San Martín de Porres)

INTRODUCCIÓN

1.1. Antecedentes y Revisión conceptual

El modelo de las competencias profesionales es un enfoque de aplicación internacional que articula la formación profesional con las demandas requeridas por el mercado laboral (Conocer, 1997; Ducci, 1997; Gonozim, 1996; Bunk, 1994). El modelo de competencias profesionales es ampliamente utilizado en países desarrollados e industrializados (Guzmán, 2002). Su desarrollo como punto de encuentro entre formación y empleo ha tenido lugar, progresivamente, durante la primera mitad de los ochenta a partir de las distintas experiencias internacionales en Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido y España (Hanson, 1996). Actualmente ésta dinámica se ha abierto a los países emergentes en vías de desarrollo, en particular a los latinoamericanos (Guzmán, 2002). En un entorno económico globalizado, Latinoamerica está sintiendo con fuerza la necesidad de crear nuevos parámetros de formación. México, Colombia, Chile, Argentina u Honduras, entre otros, aparecen como pioneros de distintos procesos de modernización formativa vinculados a la competencia profesional que afianzan, progresivamente en la región, una nueva forma de abordar la relación entre formación y empleo (Ibarra, 1996, 1999).


El modelo de las competencias se inserta, actualmente, dentro de sistemas (Cidec, 1999). El diseño de un sistema de competencias sigue una serie de pasos estructurados: a) diseñar perfiles profesionales mediante la identificación de las competencias requeridas en los diversos sectores de la producción laboral, b) construir ofertas formativas cualificantes en su sentido más amplio e instrumentar métodos y procesos de reconocimiento de las competencias profesionales, y, c) construir currículos de formación profesional relacionadas con las necesidades profesionales previstas para cada uno de los sectores del mercado laboral .


El sistema de competencias profesionales esta subdividido en tres subsistemas: a) la normalización, b) la evaluación y certificación, y c) la formación basada en competencias. La normalización de las competencias busca diseñar perfiles profesionales mediante la identificación de las competencias requeridas en los diversos sectores de la producción laboral. Los logros de este sistema sirven de referente para la construcción de ofertas formativas cualificantes en su sentido más amplio y para instrumentar métodos y procesos de reconocimiento de las competencias de las personas, independientemente de cómo se hayan adquirido (Bertrand, 1999).


En un contexto de importantes transformaciones en el proceso productivo y de cambios tecnológicos en la organización social del trabajo, la formación profesional asume un papel fundamental como instrumento eficaz para facilitar el ajuste de la calificación de los recursos humanos a los requisitos del nuevo contexto. En ese sentido, la formación profesional debe entenderse como un fenómeno educativo articulado con el proceso productivo, por lo cual urge la intervención del conjunto de los actores sociales de forma integral, intensiva y sostenida en el tiempo y bajo el incentivo del Estado peruano.


Desde la perspectiva del desarrollo curricular, la educación basada en competencias se concentra en la aplicación de conocimientos, más que en la adquisición de los mismos; toma en consideración habilidades, conocimientos y actitudes inherentes a una competencia y evalúa los logros mediante una demostración del desempeño. En muchos países, la educación y la capacitación profesional están experimentando cambios importantes; esto se aplica incluso a los países con una larga historia de actividad industrial y comercial en Europa, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda. La capacitación basada en competencias también se está aplicando en países con economías menos desarrolladas, por ejemplo en Africa, el sudeste de Asia y Sudamérica (Anta, 2000).


Entre los factores que han producido este ambiente de cambio se incluye la toma de conciencia de los retos que implica una economía globalizada y la competencia internacional. Entre los requisitos para lograr una economía de talla mundial se incluye la fuerza laboral calificada y flexible, que se caracterice por una gran productividad y por la capacidad de satisfacer las necesidades de un mercado en proceso de cambio. Así pues, los principales motivos de preocupación pueden resumirse en: a) Quejas de los empleadores porque el sistema de capacitación no logra desarrollar las habilidades y actitudes hacia el trabajo que exigen las economías modernas; b) la variabilidad en los costos de la capacitación por unidad; c) la obsolescencia de los conocimientos y la experiencia de muchos instructores implicados en la capacitación institucional; d) la progresión incierta de la capacitación al empleo; y, e) la baja estima en que se tiene a la capacitación profesional, considerada “de segunda” y de menor estatus que la formación académica continua.
En este contexto, la provincia Canadiense de Quebec desarrolló un modelo global e integrado, sobre la base de un nuevo método de planificación y desarrollo de los programas de formación profesional, según un enfoque por competencias que incluye la planificación estratégica sectorial (Argüelles, 1999) . Dicho modelo incluye:

  1. El papel activo de las empresas en la elaboración de programas y su responsabilidad con ciertos aspectos de la formación (la educación en alternancia dentro de la escuela y fuera de ella, por ejemplo).
  2. La racionalización de los costos de la formación.
  3. Los centros de formación se responsabilizan de la formación profesional y de atender a las necesidades de sus clientes, es decir, de las empresas y las personas.
  4. El establecimiento de normas de calidad que precisen claramente los resultados esperados por el Ministerio de Educación y los criterios de evaluación.
  5. La puesta en marcha, en todos los ámbitos, de un sistema de evaluación que a su vez tome en cuenta las evaluaciones de los servicios del Ministerio de Educación; los Centros de formación (procedimientos, servicios que se ofrecen a las empresas, administración, etc.); los programas, la enseñanza (durante el aprendizaje, después del aprendizaje, certificación), los maestros, etc.

De los elementos del modelo desarrollado en Québec (Argüelles, 1999), se desprende que se ha realizado una adecuada planeación estratégica sectorial, pues se ha obtenido el pronóstico de las necesidades de mano calificada para cada uno de los sectores de las actividades profesionales; el análisis de la diferencia entre la oferta de información y la demanda de mano calificada de cada sector; la determinación del perfil socioeconómico de cada uno de los sectores en colaboración con los trabajadores, las empresas, los sindicatos y las asociaciones profesionales; la organización de la formación profesional frente a los programas y un sistema de toma de decisiones y de autorización basado en diferentes indicadores del financiamiento, entre otros.


Si bien el enfoque de competencias se articula en torno al concepto de competencia, no es esto lo que lo distingue de los otros enfoques. Su característica principal es más bien el proceso de identificación y determinación de las competencias y la aceptación de los aspectos cognoscitivos de la adquisición de las competencias por los alumnos. Así, el desarrollo de la formación profesional tiene relación con los diferentes sectores de la actividad económica de un país y con las necesidades de mano de obra previstas para cada una de las profesiones ejercidas en dichos sectores. A partir de este indicador, la formación profesional puede organizarse en sectores y programas de formación que, según sea el caso, conducirán a una o varias profesiones pertinentes.

1.2. Planteamiento del problema

El concepto de Competencia Profesional viene marcando la orientación de las iniciativas y procesos de cambio estratégicos que durante la última década han revolucionado a las empresas (Lévy-Leboyer, 1997). Este concepto engloba la necesidad de mejorar la relación del sistema educativo con el productivo, en orden a impulsar una adecuada formación de la mano de obra.


En los países desarrollados existen criterios educativos de formación profesional que están fuertemente ligados a la demanda laboral. Tales criterios son formalizados mediante sendos sistemas de normalización de competencias profesionales. Justamente, el aporte más significativo de tales sistemas es la fuerte vinculación que se produce entre la empresa y la universidad, puesto que ésta última se adapta a los requerimientos competitivos del mercado laboral y posibilita –necesariamente- una mano de obra más calificada y pertinente a las necesidades imperantes de las organizaciones (Mertens, 1998).


En el Perú no existe un sistema de competencias profesionales que se preocupe por la influencia de los actuales cambios sociales en la demanda laboral. Esto se debe a que no se realiza investigaciones que la evalúen. Por el contrario, la formación profesional desconectada del mercado laboral produce una inadecuación ocupacional de los profesionales, condenándolos al desempleo o, más frecuente aún, a realizar actividades ajenas o inferiores a las calificaciones recibidas en su formación. La constitución de un currículo basado en normas de competencia y validadas por la demanda es un proceso más que necesario para nuestro país. Los altos porcentajes de subempleo, desempleo y desfase competitivo justifican la mayor atención en el desarrollo de tales sistemas de normalización.


Si se realiza una breve descripción del panorama laboral-educativo del Perú se encontrará, en los últimos 20 años, que el número de universidades peruanas se ha duplicado escandalosamente. Este incremento, en su mayoría producido por universidades privadas, originó el crecimiento del número de egresados de las diversas especialidades y, por consiguiente, el aumento de la oferta laboral (Boletín de Economía Laboral, 2002). Otro efecto, no menos importante, es el aumento de la dispersión en los criterios formativos, obteniendo profesionales con formaciones dispares y ajenas a la demanda real del mercado laboral (Consejo Nacional de Trabajo y Promoción Social, 2001).


El análisis de la compatibilidad entre la formación para el trabajo y la ocupación desempeñada por los trabajadores es un tema de gran importancia para entender los nexos entre el mercado educativo y el mercado de trabajo. En ese sentido, el exceso de oferta y formación profesional desconectada de las demandas del mercado laboral produce una inadecuación ocupacional, es decir, o condena al desempleo o, más frecuente aún, condena a realizar actividades ajenas o inferiores a las calificaciones recibidas en la formación. Este último es el caso más frecuente en nuestro país, donde el 46,7% de profesionales universitarios no se desempeñan en ocupaciones relacionadas con su profesión (Diagnóstico de la Formación Profesional en el Perú, 2001). La situación es más crítica en los profesionales técnicos, donde el 55% laboran en ocupaciones que requieren un nivel de calificación menor al que estos poseen. Finalmente, los profesionales más subutilizados son los egresados en ciencias sociales, humanas y religiosas (71,8%), los profesionales del derecho y las ciencias económicas (64,6%) y los arquitectos, ingenieros y afines (65,6%).


La situación de divorcio entre la formación recibida y la ocupación ejercida es fundamentalmente el resultado de cambios económicos, demográficos y educativos. Entre los más importantes están:

  1. El desencuentro entre la oferta y la demanda de trabajo: La explosión demográfica, la migración rural-urbana y la inclusión laboral de la mujer han incrementado vertiginosamente la oferta laboral. Ante este contexto, los empleos generados por las empresas son inferiores al contingente de trabajadores que los solicitan, determinando a que los profesionales se ocupen en puestos de menor calificación a la que poseen para no quedar desempleados.
  2. La falta de adaptación del sistema educativo a las necesidades del aparato productivo: No existen vínculos entre el sector productivo, los centros de formación profesional y los organismos públicos que orienten el contenido de las carreras profesionales de las universidades e institutos superiores.
  3. Deficiencias en la calidad de las carreras ofrecidas: La infraestructura educativa se ha caracterizado, en términos generales, por ser deficiente. Los currículos de formación profesional necesitan ser actualizados y adecuados a la realidad regional y local de cada centro de formación (Azuela, 1990).
  4. La ampliación de la cobertura de la educación técnica sin los estándares adecuados: Ya para 1999 existían más de 660 institutos superiores tecnológicos (Primer Censo Nacional de Educación Técnica y Pedagógica. UEMED, 1999), los cuales, en su mayoría, adolecen de las deficiencias anteriormente mencionadas.

Así, tal como se ha mencionado, el sistema de competencias profesionales requiere una serie de pasos y procesos, donde el primero se refiere a la identificación de las demandas por parte del mercado produtivo de las competencias de los profesionales, y, el segundo, al análisis de la relación entre tales demandas y las ofertas de formación profesional. De lo dicho, mediante la presente investigación se determinará un perfil profesional demandado por el mercado laboral de Lima y se analiza si existe desface entre la formación y la demanda en las competencias profesionales de ese perfil. En este caso, se tomará como modelo la situación de los Relacionadores Industriales (RRII), quienes son profesionales especialistas en recursos humanos, que según el Decreto Ley 14371 (Ley promulgada el 12 de enero de 1963 que crea la Dependencia de Relaciones Industriales) laboran en todas las empresas que cuentan con más de 100 trabajadores.


La Universidad de San Martín de Porres (USMP) intentó organizar un curriculo formativo en consideración a las demandas laborales del mercado. Por ello, el Instituto de Investigación de la Facultad de Relaciones Industriales realizó una investigación descriptiva para determinar las competencias genéricas que están asociadas al éxito en la profesión de Relaciones Industriales. En este estudio, se encuestó a 183 gerentes de recursos humanos, donde 58% fueron RRII. Los resultados de ese  estudio indicaron que las características de liderazgo y aptitudes para la comunicación y relación social eran las principales competencias asociadas al éxito y buen desempeño del cargo. Asimismo, trabajando con el segmento específico de Gerentes de recursos Humanos, licenciados en relaciones industriales, así como profesionales de otras disciplinas a quienes se les aplicó la encuesta, se obtuvo un informe multivariable mediante el cual ellos consideraban que el profesional actualmente debería tener: Visión de futuro, Toma de decisions, Orientación a resultados, Gestión del cambio, Comunicación efectiva y Liderazgo (USMP, 2000).


Posteriormente, Guzmán (2002) realizó una investigación explicativa sobre la competencia profesional sobre los RRII y su situación en el mercado laboral de Lima. En este estudio se encontró que los RRII y el personal encargado de los recursos humanos tienden a realizar sus actividades en función a cuatro variantes: actividades intra-extra empresariales y las actividades proempresa y protrabajador. En otras palabras, este encargado representa a la empresa ante las autoridades locales, pero también ante los trabajadores subordinados a su cargo; y, por otro lado, tal representación puede dirigirlo a beneficio exclusivo de la empresa o del trabajador.


Ha transcurrido un lustro de importantes cambios tecnológicos y productivos en el país, por lo que resulta necesario determinar si las calificaciones identificadas en el mercado laboral, aún se mantienen vigentes para la formación profesional de los RRII o, de ser el caso, requieren actualización o modificación. De lo dicho, en la presente investigación se pretende:

  1. Identificar las competencias profesionales de los relacionadores industriales demandadas por el mercado laboral de Lima; y
  2. Determinar si existe desface entre los criterios de formación de las competencias de los relacionadores industriales y la demanda laboral del mercado de Lima.