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INFORME ESTADÍSTICO DEL PRIMER CENSO DE
LOS NIÑOS DE LA CALLE

Por: Arístides Alfredo Vara Horna

1.2. CARACTERÍSTICAS DE LOS NIÑOS CALLEJEROS

La forma como se concibe a estos niños tiene consecuencias determinantes para ellos, debido a que nuestras acciones y las de la sociedad se orientan a partir de una manera particular de verlos. Encontrar términos y conceptos adecuados para entender mejor a ésta población infantil permitirá diseñar las estrategias que respondan a sus características específicas.

Los problemas comienzan con el término "niños", ya que los estudios muestran que la mayoría de los callejeros rebasa los 14 años de edad. En las calles es común encontrar niños de 8, 10 o 12 años de edad que conviven cotidianamente con adolescentes y jóvenes de 27 o 30 años.

El uso del término "niños" está relacionado con la Convención Internacional de los Derechos de la Infancia que considera como tales a todo menor de 18 años. Sin embargo, desde un primer momento se tendría que acostumbrar a hablar de niños, adolescentes y jóvenes callejeros ya que las alternativas que se deben proponer serán diferentes de acuerdo a la edad específica de cada uno de ellos. No se trata de una tarea fácil, ya que en la calle se relacionan de manera permanente niños de diferentes rangos de edad sin que parezcan importarles mucho estas diferencias.

Por lo general, los albergues establecen límites de edad para que un menor pueda ingresar a ellos por primera vez. Por regla común el límites es los 16 años. Es natural que los programas dirigidos a adolescentes y jóvenes pongan más empeño en la capacitación para el trabajo y la regularización académica, que en el alojamiento, como ocurre con los programas de atención a los más pequeños.

El aumento de la presencia femenina en la calle, con toda la especificidad de su caso, ha propiciado que se incorpore la diferencia sexual a la hora de referirse a ellas y cuando se desarrollan acciones en su favor. Tan sólo el II Censo realizado por UNICEF y el DDF en 1995 encontró que, en un período de tres años, el número de niñas callejeras creció el 3.5% en la ciudad de México.

Niños y jóvenes callejeros quizá suene parecido a niños y jóvenes que viven o trabajan en la calle; en ambos casos se refieren a todo menor de 18 años cuya sobrevivencia depende de su propia actividad en la calle (Barcena, EDNICA, 1989). Por otro lado, ha sido necesario crear subcategorías respecto de los niños callejeros, para atender a las situaciones específicas. Estas subcategorías están determinadas por algunos de los siguientes factores:

  1. El origen étnico es fundamental para comprender la situación en la que se encuentran los niños indígenas que viven o trabajan en la calle. Las características, expectativas, valores, formas de relación y, por lo tanto alternativas, son diferentes cuando se dirigen a la población de origen indígena.

  2. El vínculo familiar existe en un gran porcentaje de niños y jóvenes callejeros, lo cual los hace muy diferentes a los huérfanos. El grado de daño en la relación entre éstos y sus familias determina en buena medida las posibilidades de posterior vinculación. Dentro de este espectro encontramos distintos tipos de vínculos con la familias:

    • Nulo: es común en aquellos casos en donde existió abandono, pero también en los que por algún motivo después de haber dejado el núcleo familiar, los niños no cuentan con información para ubicarlo.

    • Ocasional: se trata de aquellos que mantienen contacto con su grupo familiar entre 1 y 10 veces por año.

    • Permanente: Aquellos que tienen contacto entre 1 y 8 veces al mes.

    • Cotidiano: Se trata de aquellos que viven con su familia, aunque pasen la mayor parte del tiempo en la calle. También es el caso de niños y jóvenes que conviven de manera constante con el resto del grupo callejero, consumen drogas junto con ellos y realizan las mismas actividades de sobrevivencia, pero retornan al grupo familiar casi todas las noches.

  3. El tipo de trabajo. En otro estudio se ha sostenido que los niños callejeros trabajan (Sauri, 1992), aunque lo hagan pidiendo dinero, robando, cargando bultos o cuidando automóviles. Si bien estas actividades están fuera de los marcos fiscales, contribuyen a su sobrevivencia. Ahora bien, el tipo de trabajo influye en el tipo y calidad de los ambientes en que se relacionan los niños, niñas y jóvenes y afecta tanto su conducta como su calidad de vida. Por ello organizaciones como MAMA (Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados) de México, atribuyen mucha importancia al hecho que un niño deje de robar y opte, por ejemplo, por limpiar parabrisas. Igualmente valoran una serie de progresiones sucesivas, ya que implican un proceso que va produciendo cambios significativos en el niño. Hay actividades que realizan los niños callejeros, que si bien permiten su sobrevivencia, generan su dependencia (mendigar, por ejemplo) o la vinculación a redes delictivas de las que es cada vez más difícil salir (como el transporte de drogas, la prostitución y el robo).

  4. El tiempo que los niños viven y trabajan en la calle determina su grado de arraigo y afecta las posibilidades reales de desvincularse de ella. Igualmente, incide si sólo trabajan en ella o además viven allí. Ubicamos aquí la diferencia que existe entre aquellos niños que deambulan solos por la calle a la de aquellos que lo hacen en grupos.

Estos factores se conjugan de manera particular y compleja en cada caso que se encuentra en la calle, por lo que no es tan sencillo decir, como antes se hacía, que "los niños en la calle" son aquellos que trabajan y viven con su familias y que "los niños de la calle" son aquellos que no trabajan y ya han roto con su vinculo familiar. Entre estos dos extremos se encuentran un sinnúmero de situaciones con características específicas que conviene deslindar.

En otra investigación (Díaz y Sauri, 1993) se ha recopilado las principales características que diversos estudiosos del tema han encontrado en la población callejera:

  • Su ambiente gira alrededor de la calle y en diversos grados dependen de la calle para sobrevivir.

  • Se ubican en un contexto predominantemente urbano.

  • Provienen de zonas urbanas marginales de la ciudad de donde están asentados o de otras ciudades del país.

  • Tienen paupérrimas condiciones de alimentación, recreación y salubridad en sus zonas de origen, y pocas posibilidades de acceso a la educación y al mercado de trabajo.

  • Presentan baja escolaridad o carecen de ella, ya sea por falta de medios económicos o porque han desertado de un sistema educativo que no responde a sus necesidades y capacidades.

  • Sobreviven gracias a una red social callejera.

  • Un número considerable no ha podido conseguir una vida o un trabajo estable que les permita por lo menos obtener un salario mínimo, con el cual ayudar a su familia.

  • Trabajan principalmente en el comercio ambulante.

  • Realizan sus actividades en sitios de concentración urbana: plazas, zonas de tolerancia, terminales de autobuses, sitios turísticos, muelles, centros comerciales, áreas fronterizas.

  • Son sometidos a constantes presiones y persecuciones por parte de la policía o algunas instituciones.

  • Se relacionan muchas veces con las drogas y con actividades delictivas.

  • u vida se encuentra en condición de alto riesgo por estar desnutridos, al margen de cualquier atención, y porque utilizan drogas, practican la prostitución y se ven sometidos a violencia.

  • No se trata de una población homogénea: un 31.49% es población femenina y un 14.81% de origen indígena (UNICEF-DDF. 1995).

  • La mayor parte vive y trabaja en la calle, en grupos compuestos por menores de edad de 4 a 18 años y por jóvenes de hasta 33 años de edad (Casa Alianza, Visión Mundial, Thais, EDNICA, 1996).

Sin embargo, continúa siendo necesario utilizar categorías que hagan fácil la diferenciación entre un niño callejero y de otro. Quienes viven a tiempo completo en la calle se les llaman "niños y jóvenes de la calle", siempre y cuando se tenga presente que eso no quiere decir que han roto todo vínculo familiar, ni que se niegue su condición de trabajadores. Por otra parte, se llama "niños y jóvenes en la calle" a quienes pasan gran parte del día en la calle pero todavía viven con su familia, independientemente de que trabajen o no, y aún cuando la relación familiar no sea tan cotidiana. Otro de los requisitos indispensables es establecer su origen étnico.

Una variante más dentro de este fenómeno, es la existencia de familias que viven en la calle y a las que pertenecen algunos niños y jóvenes. Este hecho no es tan sencillo de observar ya que algunas familias transitan entre hoteles, albergues temporales y la calle, desempeñando actividades más o menos definidas (cuidado de automóviles, limpieza de parabrisas, venta de mercancías en las avenidas, etc.). En el camino, algunos miembros de estas familias se van desprendiendo hasta que el grupo familiar termina por disgregarse.

Otro fenómeno poco estudiado es el de las adolescentes y jóvenes de la calle que tienen hijos, dando origen a una generación distinta de niños de quienes se sabe poco. Se ha observado que conviven con sus madres mientras viven en la calle, aún cuando éstas se ven involucradas en el consumo de drogas o son víctimas de accidentes. Es común que estos niños mueran a temprana edad, requiriendo un seguimiento más detallado al respecto.