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INFORME ESTADÍSTICO DEL PRIMER CENSO DE 1.4. POR QUÉ LOS NIÑOS PERMANECEN EN LA CALLE Es muy raro que los niños callejeros asistan a programas de atención, se arraiguen a ellos y superen las condiciones de vida callejera, sin que alguna vez regresen a la calle aunque sea por un período relativamente corto (dos o tres días). Posteriormente, retornan al programa. En un proceso regular, conforme avanza su educación y recuperación, estas salidas van siendo cada vez más escasas, hasta que los niños acaban por integrarse definitivamente al nuevo espacio y hacer de él su sitio de pertenencia. Los niños están modificando sus estructuras de comportamiento (hábitos, percepciones, etc.), muchas veces determinadas por experiencias sumamente dolorosas que se originaron en su vida familiar, en un primer momento, y durante su estancia en la calle, posteriormente. De esta manera, los regresos a la calle son síntomas del proceso de cambio que van experimentando y de la dificultad de una ruptura con el medio al que estaban integrados. Tal situación hace comprensible porque ciertos niños sienten la necesidad de experimentar en varios programas de atención, hasta ubicarse en aquel que responde a sus características y expectativas y en donde se sienten más motivados a pertenecer. El tránsito de los niños dentro de las instituciones es, hasta cierto punto, parte de su proceso de identificación e integración en una nueva forma de vida. A fines de 1992, EDNICA identificó, en un gran número de grupos de niños callejeros en la ciudad de México, un creciente y acelerado arraigo a la calle. El motivo fue de origen político. Luego de realizar un "censo" de niños callejeros, el Departamento del Distrito Federal, a través de la Dirección de Protección Social, lanzó a 300 educadores a la calle. Muy pronto las distintas zonas se vieron saturadas, había lugares a los que asistían dos educadores en la mañana, dos en la tarde y otros más en la noche. No se tomó en cuenta si a dichas zonas asistían educadores de calle de otras instituciones. El programa estaba orientado a "sacar" de la calle a los niños lo más pronto posible y no a desarrollar un proceso de educación. Producto de la amplia publicidad que se le dio a este programa y, principalmente a la figura de los educadores de calle, "las calles de la ciudad empezaron a poblarse de nuevos protagonistas callejeros, educadores de calle surgidos no sólo del Estado, sino de todo grupo (religiosos, laicos, de partidos políticos, periodistas, universitario, gente de buena voluntad etc.)" (Sauri, 1993). De esta forma, los niños callejeros aprendieron que eran muy apreciados por los distintos grupos de educadores, ya que éstos competían por obtener su atención, e, incluso, sumando lo que cada grupo ofrecía podían hallarse más cómodos en la calle que en cualquier institución. Había zonas en la calle en donde, con un grupo de 15 a 20 niños, asistían 14 educadores de distintas instituciones o grupos, muchos de ellos de manera completamente independiente. Como resultado de lo anterior, los niños comenzaron a volverse "inmunes" a los educadores de calle y a responder cada vez menos a sus acciones. Para finales de 1994, el programa de los 300 educadores de calle había prácticamente terminado en un rotundo fracaso. La falta de apoyo del gobierno disminuyó la credibilidad de los niños callejeros hacia las instituciones. En la medida en que se prolonga el tiempo de estancia de los niños en la calle, el arraigo a ella incrementa su consumo de droga y debilita el deseo de mejorar esta situación. En la década de los 90, una de las características que predominó en los grupos de niños callejeros fue su identidad con éste espacio social, que se superpone a la que podrían tener respecto de alguna institución, debido a una sobreoferta de atención por parte de grupos e instituciones en la calle. Transitar entre una institución y otra para regresar a la calle se ha convertido en una de las características de esta identidad. La calle encierra grandes contradicciones: es violenta, daña las capacidades físicas y psicológicas de los niños y genera estados de dependencia difíciles de superar, pero además, y esto es lo contradictorio, ofrece el acceso a una gran cantidad de estímulos contra la que ni las familias ni las propias instituciones han logrado competir. Esta incluye elementos de subsistencia básicos (trabajo, alimentos, etc.) así como la participación en el comercio sexual, el contacto con distintos grupos con los que convergen en el mismo espacio (bandas organizadas, policías, grupos de comerciantes, etc.), el fácil acceso al alcohol y las drogas, así como "la presencia de personas adultas que lo tomen en cuenta y sustituyan, aunque sea parcialmente, el afecto y la seguridad que necesitan" (Griesbach y Sauri, 1993). En otro estudio (Griesbach y Sauri, 1993), se ha señalado que el arraigo a la calle por parte de los niños esta asociado a una gran cantidad de factores que, en un principio, los atraen a ésta y posteriormente facilitan su permanencia. En tal sentido, se trata de una red social de sobrevivencia callejera que se define como "el conjunto de relaciones humanas dependientes que permiten la sobrevivencia de los niños en la calle sin modificar sus condiciones de callejero".
Como espacio sociocultural, esta red constituye un sistema de relaciones e identidades urbanas en las cuales los niños se integran, aportándole parte de su existencia. Aunque este sistema se compone de una gran cantidad de elementos, uno de los que determinan la permanencia de los niños en la calle es la relación utilitaria que se genera entre ellos con las otras personas y grupos que componen la red. Cambiar la situación de los niños callejeros, implica modificar estas redes, ya que el papel que juegan determina la manera, el tiempo y las condiciones en que un niño puede permanecer en la calle. La "red social de sobrevivencia" es uno de los elementos más importantes del trabajo educativo, dado que se aspira a que pueda constituirse en un factor que, lejos de fomentar el arraigo a la calle, facilite el desarrollo educativo. Según la Propuesta de la Norma Técnica para la Atención de la Infancia Callejera:
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