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INTELIGENCIA EMOCIONAL: CONSTRUCCIÓN Y ADAPTACIÓN DE UN TEST PARA MEDIRLA Psic. Arístides A. Vara1Agradezco a General E. Metrics System, Inc. por el financiamiento otorgado para la presente investigación. DISCUSIÓN: Podemos asumir que casi todas las definiciones de inteligencia, están condicionadas por la época, la estructura social y las culturas en las que se desarrollan (Gardner, 1993). En cuanto al interés de la psicología por nuestra vida afectiva y por el mundo de las relaciones interpersonales, percatamos que no es un tema reciente. Un ejemplo claro de ello es el artículo “La inteligencia y sus usos” publicado por Thorndike en 1920, en la cual define a la Inteligencia Social, como una habilidad de entender y controlar las relaciones sociales, es decir de actuar sabiamente en las relaciones humanas (Thorndike, 1920). A pesar del interés que despertó el tema dentro de las distintas tradiciones psicológicas, durante los últimos años la tradición cognitiva ha sido el modelo del cual han partido la mayoría de las investigaciones, por este motivo, los estudios dentro del campo de la inteligencia han estado sesgados hacia lo cognitivo (Marina, 1993; Goleman, 1996). Dentro de nuestras aproximaciones y delimitaciones teóricas, planteamos la necesidad de postular la posible existencia de mecanismos heteroprocesuales muy diferentes a los cognitivos en la dimensión de la Inteligencia Socia en general, y en la Inteligencia Emocional en particular. En ese sentido, creemos que se deben aunar esfuerzos en tratar de definir conceptos que son tomados como naturales o cotidianos, pues es a través de ese mecanismo que podemos encontrar nuevos elementos de análisis psicosocial con estructuras y procesos específicos para su interpretación Sociopersonal (Vara, 1997). En cuanto a la dimensión psicométrica, hemos obtenido satisfactoriamente la confirmación de nuestras hipótesis y la validez (de algún modo) de nuestra propuesta teórica. El Análisis Factorial Confirmatorio fue excelente para la comprobación de nuestras dimensiones propuestas, es por eso que si se busca obtener una validez o estandarización del constructo factorialmente, se recomienda la utilización de Análisis de Factores propiamente dicho con rotaciones oblicuas, en especial la Promax, por sus ventajas teóricas de interpretación. Por otro lado, es conveniente corroborar empíricamente la adecuación de los 3 estratos de Contenido (conocimiento, control y consecuencias) donde operan heteroprocesualmente los 3 tipos de inteligencia propuestos. El análisis factorial seria insensible a este proceso, por lo cual, se plantea la posibilidad de estudiarlos a través de esquemas alternativos a la teoría clásica, como son el Continuo Heterogéneo y Jerárquico de Covariación (La covariación continua es la base del Factor general. La heterogeneidad del continuo es el fundamento de la multiplicidad de aptitudes, y ambas propiedades permiten la construcción de facetas como la simplex y circumplex, modelos ya propuesto por Guttman en 1958 para el estudio de las diferencias de contenido y operación procesual, y actualmente, retomado por la teoría Cognitiva Conexionista como teoría del Radex); y, como los procedimientos de Escalamiento multidimensional. Aun así, sería interesante analizar factorialmente según las escuelas profesionales y estructuras universitarias, con la finalidad de esclarecer los efectos de las mismas en los constructos y desarrollar además, esquemas teóricos sobre la distribución de los 18 subcomponentes en los 3 factores mencionados a través de ellas. Es mediante este incipiente proceso que posiblemente, nos acerquemos más a nuestros dos propósitos originales de investigación: 1) desarrollar una teoría comprensiva de la realidad sociopersonal universitaria; y, 2) dar validez a una estructura hipotética necesaria en una sociedad como en la que vivimos actualmente, y que según Greenberg (1996) se encuentra en una crisis emocional colectiva. No es extraño pues, más parece necesario, que la ciencia decida comenzar a centrarse en las habilidades emocionales y en el estudio de nuestra conciencia y de nuestra vida afectiva. En ese sentido, el concepto de Inteligencia Emocional surge como un intento de considerar el papel que tienen las emociones en nuestra vida intelectual, nuestra adaptación social, equilibrio personal y colectivo.
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