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EL ESPECTRO DEL SINDROME DE ALIENACION PARENTAL

Psicóloga Forense Dra. Deirdre Conway Rand

Periódico Americano de Psicologia forense, volumen 15 numero 3, 1997

Introducción:

El Síndrome de Alienación Parental, llamado así por el Dr. Richard Gardner, es una respuesta de contexto familiar típica al divorcio, en la cual el niño resulta alienado respecto de uno de sus progenitores, y acosado con la denigración exagerada y/o injustificada del otro progenitor. En los casos más severos, la relación antaño cariñosa del niño con el progenitor objeto resulta destruida. El testimonio acerca del Síndrome de alienación parental (PAS) en los procedimientos legales ha levantado un intenso debate. Este artículo en dos partes persigue arrojar alguna luz sobre el debate por medio de la revisión del trabajo de Gardner, así como de otras personas, acerca del PAS, integrando el concepto de PAS con la investigación realizada sobre divorcios altamente conflictivos y con otra literatura relacionada. El material está organizado bajo encabezamientos temáticos tales como "padres que inducen la alienación", "el niño en el PAS", "El padre objeto de la alienación", "abogados y PAS" y "evaluación e intervención". La segunda parte comienza con el niño en el PAS. Se presentarán en ambas partes testimonios de PAS, desde casos moderados hasta agudos, algunos de los cuales ilustran las consecuencias para los niños y las familias cuando el sistema se manipula con éxito por parte del progenitor alienador, así como algunas difíciles pero efectivas intervenciones que han sido realizadas por la autora, por su esposo el Dr. Randy Rand y por otros colegas.

 

El Dr. Richard Gardner fue un experto psiquiatra infantil y forense, que realizaba peritajes para la justicia cuando en 1985 formuló el concepto de Síndrome de Alienación Parental (PAS) en un artículo titulado "Tendencias Recientes en el Divorcio y la Litigación por la Custodia" (1). Su trabajo con niños y familias durante los años setenta le indujo a escribir libros como "El libro del Divorcio para Chicos y Chicas". "El libro del Divorcio para los Padres" y "Psicoterapia con los Hijos del Divorcio". El conocía por experiencia que la norma para los hijos del divorcio era continuar queriendo mucho a ambos padres, a pesar del divorcio y del paso de los años, un hallazgo corroborado por uno de los primeros estudios a gran escala sobre el divorcio (2). Con estos antecedentes, Gardner comenzó a preocuparse a principios de los ochenta sobre el creciente número de hijos del divorcio que estaba examinando, quienes, especialmente en el curso de las evaluaciones para la custodia, se embarcaban en la denigración de uno de sus progenitores, hasta el punto de expresar, en ocasiones, odio hacia el padre al que una vez amaron. Él utilizó el término Síndrome de Alienación Parental para hacer referencia a los síntomas del niño , a raíz del divorcio, consistentes en la denigración y el rechazo de un padre antes amado.

 

El enfoque de Gardner sobre el PAS como perturbación propia de los hijos de un divorcio es único, aunque desde la mitad de los años ochenta en adelante ha habido una proliferación de literatura profesional sobre las tendencias perturbadoras en las disputas del divorcio/custodia, incluyendo las falsas acusaciones de abuso para influir en la resolución sobre dichos divorcio/custodia. Al menos tres nuevos síndromes asociados al divorcio fueron identificados con posterioridad. En 1986, dos psicólogos en Michigan aún desconocedores del trabajo de Gardner, publicaron el primero de varios documentos sobre el síndrome SAID, el acrónimo que Blush y Ross emplearon para "Acusaciones de abusos sexuales en el divorcio" (3). Basándose en sus experiencias de peritaje para los tribunales de familia, y en las experiencias clínicas de sus colegas, estos autores delinearon tipologías para el padre que acusaba en falso, el niño involucrado y el padre acusado. Dos de los síndromes del divorcio nombrados en la literatura tienen su enfoque esencial en la rabia y la patología del padre alienador o acusador en falso. Jacobs, en Nueva York, y Wallerstein en California, publicaron informes sobre casos de lo que llamaron el Síndrome Medea (4, 5). Jacobs discutió el trabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio de 1988 sobre una madre con el síndrome Medea, como también hizo Turkat cuando describió el Síndrome de la Madre Maliciosa Asociado al Divorcio en 1994 (6). Este trastorno también puede hallarse vinculado a los padres varones, como muestra uno de los casos narrados más adelante, pero por alguna razón Turkat no logró hallar ninguno.

 

Adicionalmente a los artículos específicos sobre el PAS y a la literatura que hace referencia al síndrome, hay un cuerpo de investigación sobre el divorcio, así como escritos clínicos que, sin darle nombre, describen el fenómeno. La literatura revisada aquí proviene de numerosas fuentes, incluyendo ejercientes que, como Gardner, buscan mejorar los medios de diagnóstico y las estrategias de intervención de los tribunales y de otros profesionales que tratan con divorcios altamente conflictivos; abogados y jueces que están en contacto con casos de PAS; investigadores que, como Clawar y Rivlin, referencian el trabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio a gran escala sobre la "programación parental en el divorcio" (7), o como Johnston, cuyo trabajo sobre divorcios altamente conflictivos (8) la condujo a analizar el problema de los niños que rechazan la visita de su progenitor no custodio, incluyendo una reflexión sobre el PAS (9). Cuando el PAS se contempla desde el punto de vista de las partes y de los subprocesos que lo generan, la literatura al respecto aumenta exponencialmente, por ejemplo: características psicológicas de los progenitores que falsamente acusan en el curso de las disputas sobre el divorcio/la custodia; cultos que ayudan a los padres que se divorcian a alienar al niño del otro progenitor; y abusos psicológicos a los niños en casos de PAS severo, incluyendo el Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto.

 

Las tendencias identificadas por Gardner y otros, son el resultado de importantes cambios sociales que comenzaron a arraigar y florecer alrededor de mitad de los setenta. El tratamiento legal del divorcio y la custodia de los niños varió desde la preferencia por dar a las madres la custodia en exclusiva y la "presunción de los tiernos años" a la inclinación por la custodia conjunta y el principio del "mejor interés para el niño". Esto dió a los padres divorciados más opciones legales para seguir siendo padres de sus hijos, e incrementó la cantidad e intensidad de las disputas sobre el divorcio, en cuanto los progenitores disentían vehementemente sobre la variedad de posibles acuerdos sobre la custodia por los que ahora podían optar. Al final de los años setenta, surgió la preocupación respecto a la programación del niño por parte de un progenitor, con el fin de influenciar en la decisión respecto a las disputas del divorcio y la custodia; lo que conduja a la Asociación legal Americana en su sección de Derecho de Familia a comisionar un estudio a gran escala sobre el problema. El resultado de este estudio de 12 años de duración fue publicado en 1991 en un libro llamado "Niños Rehenes" (7). Clawar y Rivlin descubrieron que la programación parental era practicada en diverso grado por el 80% de los progenitores que se divorciaban, de los cuales el 20% lo aplicaban a sus hijos al menos una vez al día. Continuaremos hablando sobre este libro más adelante.

 

Al mismo tiempo, a medida que han ido surgiendo las nuevas tendencias en los divorcios, algunos cambios sociales se han ido dando en el tratamiento social del abuso a los niños. Un informe preceptivo se convirtió en prescripción legal en los años setenta, y los procedimientos para la elaboración de los informes se simplificaron de tal manera que los informes anónimos fueron aceptados y usados como base de actuación judicial en algunos estados. A medida que el número de informes sobre abusos se duplicó prácticamente, también lo hizo el número de informes falsos o sin fundamento, de acuerdo con las estadísticas compiladas por el Centro Nacional para los casos de Abuso y Negligencia a la infancia en 1988, que mostraba que los informes no-válidos excedían en número los casos de abuso reportado bona fide en una proporción de dos a uno (10).

 

Según algunos observadores, las falsas acusaciones de abuso en casos de divorcio/custodia contenciosa se han convertido en el arma definitiva. El Juez Steward escribió que "los juzgados de familia de toda la nación sienten los efectos de una nueva falacia urdida por las partes que concurren en una disputa por la custodia: la de que el otro progenitor abusa sexualmente del niño... El impacto de semejante acusación en un litigio por la custodia es sutil y trascendental... el juez de familia está capacitado para hacer cesar el acceso al niño mientras se completa una investigación" (11, p. 329). En respuesta a cuestiones como esta, la Unidad de Investigación de la Asociación por la Familia y los Tribunales de Conciliación obtuvo fondos para estudiar las acusaciones de abuso sexual en los casos de disputa en divorcios/custodias (12). Se agregaron los datos de 1985 y 1986 recogidos de diversos juzgados de familia de todo el país. En aquel tiempo, la incidencia de las acusaciones sobre abuso sexual en los casos de divorcio se cifró en un dos por ciento, pero variaba del uno al ocho por ciento dependiendo del lugar. Los resultados de este estudio sugerían que las acusaciones en el contexto de un divorcio podían ser válidas sólo en un 50% de las veces. Muchos de los consejeros y administradores de los juzgados que fueron entrevistados, creían que se estaban produciendo una mayor proporción de estos casos que en las décadas precedentes.

 

Diez años más tarde, en 1996, el Congreso aprobó el Acta de Prevención y Tratamiento del Abuso infantil, para eliminar la inmunidad de la que gozaban quienes hacían premeditadamente acusaciones falsas, basándose en la información de que 2 millones de niños habían sido objeto ese mismo año de informes falsos, en oposición al millón de niños que habían sufrido auténticos abusos (13). Adicionalmente, muchos estados habían ya habilitado leyes contra los informes deliberadamente falsos sobre abusos a los niños. En California, donde ejercen la autora y su marido, la Oficina para la Prevención del Abuso Infantil revisó su manual para informadores de oficio hace varios años, para incluir una sección sobre acusaciones falsas, en la cual, el adoctrinamiento de los niños durante las disputas sobre la custodia se describe como un problema grave, y en el cual se hace referencia al trabajo de Gardner sobre el PAS (14).

 

Entretanto, los años ochenta fueron testigos de una campaña masiva para entrenar a los asistentes sociales, policias, jueces y profesionales de la salud mental en conceptos tales como "los niños no mienten cuando hablan de los abusos". Para remediar la ceguera social hacia los abusos a los niños en el pasado, los profesionales fueron incitados a "creer incuestinablemente al niño" y a aceptar reflexivamente que todas las alegaciones de abuso contra el niño eran ciertas. Una amplia difusión en los medios y una proliferación de libros y películas populares sobre abusos a niños continuaba sugiriendo que el problema era generalizado e insidioso. Los padres y los profesionales afines fueron convocados para vigilar lo que se consideraban como "indicadores de comportamiento" del abuso sexual. Estos incluían el síntoma tan común como vago de la baja autoestima, "indicadores" de conflicto tales como el comportamiento agresivo y autoaislamiento social, así como comportamientos infantiles que pueden ser normales en el contexto del desarrollo, tales como la curiosidad sexual y las pesadillas. Se hizo caso omiso del hecho de que tales síntomas pueden ser desarrollados por el niño en respuesta a otras circunstancias estresantes, incluyendo el divorcio y la ausencia paterna.

 

También los niños están siendo sensibilizados hacia el abuso, instruídos acerca de lo que son "tocamientos buenos/tocamientos malos". Al final de esta lección escolar, se les puede pedir que reporten sobre cualquier persona que ellos puedan considerar que les ha hecho tocamientos malos. Aunque en algunas ocasiones esto ha servido para detectar algunas formas de abuso, los niños a veces no entienden bien la lección, como el caso de un cariñoso abuelo que levanta en brazos a su nieto como ha hecho muchas veces anteriormente, para encontrar que el niño le rechaza horrorizado, acusándole de "malos tocamientos". Los adultos que dirigen estas clases están a menudo tan excesivamente interesados en encontrar abusos que en un estado del sur detuvieron a los padres de la mitad de la clase.