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HISTORIA DE UNA VIÑETA CLINICA

Psic. Arístides A. Vara

Hace algunos años me dedique a la investigación clínica como elemento necesario para cumplir con mi internado en Psicología. Durante ese año, y los subsiguientes dos años, realicé una serie de investigaciones clínicas que me permitieron comprender algunos supuestos de la dinámica psicopatológica.

Particularmente me interesaba mucho saber de los efectos en la salud del paciente cuando asisten a una sola sesión psicoterapéutica, más limitado aún, cuando ésta es de consulta. Muy pocas veces se tiene la oportunidad de verificar o descubrir el efecto de tales sesiones en la dinámica psíquica de los pacientes.

A continuación, narraré, en resumidas cuentas, la experiencia terapéutica vivida con Pilar, mujer de 52 años, casada y con dos hijos varones. Con ella sólo tuve una sesión y dos encuentros eventuales ajenos a la consulta las cuales me informaron de los efectos de nuestra sesión, la que duró, por cierto, casi 3 horas. Espero que esta viñeta sea ilustrativa.

 

a. Exposición de motivos

Eran las cuatro de la tarde cuando esta mujer llego a la consulta que solicito 3 días pasados. Posterior a mi presentación, le pedí que describiera el motivo que la trae. Muy pausada y locuaz contó sus dificultades1.

Refirió que le duele mucho los hombros y la espalda. Anterior a estos, padecía de fuertes dolores en los lumbares y las rodillas, de los cuales ya se ha acostumbrado. Mencionó que no tiene coordinación en los brazos y que le es muy difícil -sino imposible- realizar tareas que exigen coordinación motora fina. No puede permanecer parada más de una hora porque los dolores articulares son muy intensos.

Después de un elevado número de exámenes y pruebas de Resonancia Magnética, los médicos le diagnosticaron osteoporosis, escoliosis y, posteriormente, esclerosis múltiple. Pilar refirió mucho malestar porque sintió que los médicos han jugado con ella y disputado su posible diagnóstico. Al final, concluyeron que su diagnóstico es incierto pero de enfermedad progresiva.

Ha estado en rehabilitación física por 8 meses, pero le ha resultado perjudicial porque ha acentuado más sus dolores. Al no ver mejoras, desistió de la atención médica.

Recibió atención psiquiátrica y psicológica en el Hospital Naval y en particulares. No sintió que le hubiesen ayudado. Recibió del primero mucha medicación (tranquilizantes) para mantenerse "relajada", pero menciona que ni aún los tranquilizantes surtieron efectos. Del segundo sólo mencionó consejos que le ayudaron poco.

 

b. Introducción a la consejería

Después de conocer estos antecedentes, le aclaré que mi trabajo tiene que ver con las enfermedades producidas o mantenidas por la mente y que si su enfermedad no ha sido aclarada del todo por el conocimiento médico, entonces teníamos una excelente oportunidad para influir en ella. Sin embargo –le advertí- que su posición en la terapia deberá ser de mucha cooperación y participación. Nada de lo que yo diga o haga será efectivo a menos que lo que ella diga o haga sea honesto.

Una vez aclarado este asunto, definimos un objetivo terapéutico , que en este caso fue la disminución de la sensación de dolor y malestar general. Definido aquello, pregunte si tiene algún problema con alguien a causa de su carácter.

Pilar, con aires de resignación, dijo que su carácter ha cambiado mucho en los últimos años, que le produce muchos problemas con las personas y familiares y que está fluctuando entre dos extremos: debilidad y dureza. Mientras contaba todos estos detalles, Pilar observaba constantemente mis reacciones. Era claro que su desconfianza estaba en aumento2.

 

. Exploración física

Después de pedirle que se acueste en el diván, revise su tono muscular. De la revisión, determiné que sus músculos estaban laxos en las extremidades, pero espásticos (rígidos y tensos) en el tronco, especialmente alrededor de la columna. Los músculos de su rostro eran marcados (por la rigidez) y su piel muy débil y delgada. Era notorio, tanto a la vista como al tacto, un arqueo lumbar exagerado (lordosis) así como una hipertrofia de las articulaciones. Sus extremidades eran de apariencia inflada pero laxa al tacto. Su respiración era mínima y clavicular3. Su llanto era mínimo e imperceptible.

 

d. Inicio y desarrollo del Tratamiento

Le expliqué las reglas y dinámica inicial de mi tratamiento4. Denotó curiosidad pero no preguntó. Cuando le mencioné que yo iba a utilizar su mente para su curación, ella me contó algunos detalles de sus relaciones familiares cuando era niña y de la consciencia de algunos traumas5. La presioné para que me revelara más cosas, y entre ellas, mencionó que después de los 5 primeros años de casada, sintió -sin explicación alguna- rechazo por la presencia de su esposo. Pregunté si ocurrió algún incidente similar con sus padres, y ella me lo afirmó. Según cuenta, preguntó a su mamá por qué aguantó tanto a su padre, quien le fue infiel durante mucho tiempo. En mi caso –dijo- no aguantaría un desliz de mi esposo.

Me mira directamente a los ojos, pero yo, manteniendo mi mirada y con autoridad, le digo que eso6 es precisamente lo que quiero que me diga, pues ese secreto la agobia y enferma. Sin más, y arrancando en llanto, me dice que siente que su esposo la engaña. Su esposo trabaja de noche y cuando éste demora más de lo debido ella se angustia, siente que lo pierde. Pero, paradójicamente, cuando su esposo aparece, ella lo rechaza.

Le dije que si le fue difícil confesarme sus sensaciones en cuanto a su esposo, deberá esforzarse más y confesarme cosas mucho más comprometedoras y secretas. Porque ésta desconfianza a su esposo seguramente la ha compartido con alguien y para su curación requiero secretos con matiz de culpa que hasta ahora son guardados ante todos.

Ante mi última presión , confesó: su esposo le fue infiel hace 6 años, lo cual nunca se lo ha contado a nadie. Según dice, más importante que ella es la reputación de su esposo y la imagen de éste ante sus hijos. No me sentí satisfecho con la confesión, por la presión en sus labios y la rigidez momentánea de su cuello, guardaba algo que la atormentaba7 .

Antes de presionarla nuevamente, la felicite por tan heroica hazaña, le mencione que difícilmente podría encontrar otra mujer con tanta voluntad de sacrificio familiar. Sin embargo, bajo esa situación, sus enfermedades cobraban sentido pues semejante secreto tiene su precio en la salud. Noté cierto orgullo en su rostro y leves sonrisas sobre el comentario. Después de ello, le pregunté si se sentía más aliviada, ella dijo que sí, que extrañamente y de forma repentina y secuencial, se sentía muy liviana por dentro, pero pesada por fuera8.

Después de esa afirmación mi insatisfacción continuaba, llevábamos más de una hora conversando y, sin embargo, sentía que las situaciones que me contaba no eran las exclusivamente patógenas. La presioné nuevamente diciéndole que lo que me ha contado agobia a cualquiera pero no a tal punto de causarle esclerosis múltiple. Se requiere mucha culpa para la esclerosis y en las situaciones contadas su papel era la de víctima. Y si una víctima siente culpa es porque siente que ella ha provocado la situación.

Ante esta presión e insistiendo en la necesidad de su confesión, me relató algo más intimo. Cuando sucedió la infidelidad, ella mencionó -con orgullo- que daba todo a su marido para que él no este encamándose con su amante. Incluso, la relación afectiva entre ellos se hizo más pasional, ya que desapareció su rechazo.

Inmediatamente después, confeso su "pecado". Isaac fue su novio cuando tenia 15 años. Hace unos años atrás (paralelo a la infidelidad de su marido), de viaje, se encontró con él y con la reavivada pasión de su juventud. Menciona que Isaac la espera -es viudo hace 6 años-9

. Ella se siente tranquila si se separa de su esposo porque siente en Isaac un soporte. Sin embargo, a pesar de que nunca llegó a consumar su amor con Isaac, ella se siente inmensamente culpable.

Ante este dato, le dije que se dejará de farsas y que fuera sincera, las cosas son de distinta forma, que casi me engaña pero que ahora lo sé todo. Si ella no confesó nada de la infidelidad de su marido era porque quería protegerse a sí misma también. Si confesaba la actuación de su marido, su educación moral la obligaría a confesar sus deseos por Isaac. Ahora es lógico por qué se sentía culpable de la situación. Ella era la infiel y esa culpa reavivó la pasión con su esposo y desapareció el rechazo. Ella me dijo que no, que la culpable de todo debía ser su madre, por nunca haber abandonado a su padre que era un “cerdo”, porque si lo hubiera abandonado ella (Pilar) hubiese sabido que su madre no era la culpable. Llorando me cuenta que siempre ha creído que su madre no abandonaba a su padre porque la primera tenía alguna experiencia de infidelidad muy guardada.

La situación se repite Pilar -le dije- al final usted no abandonó a su esposo cuando supo de la infidelidad, al contrario se puso en competencia con la amante. Algo contrario a su “no aguantaría a mi marido un desliz” que inicialmente mencionó. En esos instantes, y con rabia en el rostro, reclama a su esposo por todas las cosas que le hizo. Mi esposo es un “cerdo” repite, a lo cual contesto: y usted también y su padre y su madre. Al final, todos son cerdos, pero los cerdos no sufren de esclerosis múltiple. Ella disfrutó al escuchar estas cosas, y ambos arrancamos en risa.

 

e. Consolidación del tratamiento

La media hora siguiente la pasamos riéndonos de todas las cosas de la vida, riéndonos de lo que antes ni en pensamientos se atrevería a contar y del por qué de las infidelidades10 .

Esa fue la primera y última vez que Pilar acudió a consulta. En aquellos meses no comprendía porque no regreso. 5 meses después la encontré en un supermercado, aparentaba más peso, ya no estaba pálida, tenía un semblante más abierto, más sereno, pero a la vez más vivo, sus ojos brillaban más y sus extremidades se veían firmes. Nos saludamos y compartimos algunos comentarios, me agradeció reiteradamente la conversación que tuvimos, desde ese día, dice, se siente más libre, más limpia, con menos peso dentro, los dolores han disminuido significativamente.

Hasta ahora Pilar no ha regresado a consulta, pero si ha enviado a muchas de sus amistades que padecen alguna dolencia de curación resistente. Todas ellas sin excepción, han asistido con más confianza y expectativas, atribuyendo su apertura a la innegable mejoría de Pilar.

 

f. Análisis académico

A pesar de ser una sesión aparentemente exitosa, no me conformé con los resultados. Nunca llegué a comprender cómo el secreto cargado con culpa de Pilar la llevo a la esclerosis, ni tampoco llegué a comprender cómo se mantuvo tales experiencias maternas en su vida durante tantos años, o mejor dicho, qué lo mantuvo. Todas estas preguntas obtuvieron respuesta, aunque parcial, con los pacientes posteriores y –paradójicamente- con los más desconfiados y reticentes11.