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Sección: Sexualidad
INDICE
RESUMEN
ABSTRACT
INTRODUCCIÓN
MÉTODO
RESULTADOS
DISCUSIÓN
CONCLUSIONES
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
APÉNDICE

COMPORTAMIENTO SEXUAL EN VARONES UNIVERSITARIOS DE DOS UNIVERSIDADES PERUANAS1

 

Rafael Antonio Leal Zavala . (2005) 2

DISCUSIÓN

La presente investigación se centró en el estudio del comportamiento sexual de una muestra de 307 varones universitarios. Se halló coincidencia con las ciencias del desarrollo humano respecto al inicio de la pubertad, estableciéndose como edad normal de iniciación se sitúa hacia los trece años (Rice, P. 1999), con un rango de dos años antes o después.

Existen diferencias individuales en cuanto al inicio de la actividad masturbatoria, así como otras actividades sexuales (Rice, P. 1999). Sin embargo, al igual como lo demuestran las diferentes investigaciones existe una edad promedio que caracterizan a una determinada sociedad. Así por ejemplo, en nuestros encuestados se encontró que se comenzaron a masturbar a partir de los 14 años. Al comparar nuestros datos con los hallados por Sharma,-Vinit; y Sharma,-Anuragini (1998), en mujeres universitarias del país de la India, donde el inicio de la actividad masturbatoria de la mujeres está entre los 12 y 15 años, consideramos que no existe una marcada diferencia entre el inicio de la masturbación entre los hombres y mujeres universitarios.

Aunque la actividad masturbatoria es alta en los universitarios varones peruanos de la actualidad así como en los de décadas pasadas. Según lo hallado por Soto y Cáceres (1975), acerca de la presencia de actividad masturbatoria en el 91% de los universitarios, existe diferencia con lo hallado en nuestra muestra de estudio. En ésta se encontró que 69% de los universitarios admite que se masturba en la actualidad. Asimismo, más de la mitad de los universitarios informaron que se masturban solos y una quinta parte refirió que lo realizan a través de películas pornográficas.

Acerca de los sentimientos asociados a la actividad masturbatoria, a partir de lo hallado por Sharma,-Vinit; y Sharma,-Anuragini (1998) y nuestro estudio, podemos establecer una diferencia entre hombres y mujeres. Sharma,-Vinit; y Sharma,-Anuragini encontraron que todas las mujeres universitarias de la india percibieron a su actividad masturbatoria como mala, y que es causa de su debilidad, enfermedad, infertilidad y desarmonía marital. Por lo contrario, en nuestra muestra de estudio, más de la tercera parte de los universitarios sostiene que su masturbación los vuelve enérgicos o no les causa problemas; tan sólo la quinta parte de los universitarios presentó percepción negativa de su actividad masturbatoria, es más, el 40% de los universitarios refiere que la principal razón de por qué se masturba es su intenso deseo sexual o simple hecho de disfrutarlo.

Es típico que los adolescentes y jóvenes se preocupen por asuntos materia sexual, discutiéndolos principalmente con sus amigos más íntimos o camarillas. En el caso de la actividad masturbatoria de nuestros encuestados, más de un tercio refirió no haber hablado sobre su masturbación con alguna persona, y cerca de un quinto haberlo confiado a un amigo. La discusión sobre asuntos sexuales, no exactamente personales, con un amigo también fue encontrado por Mahler, K (1997) en jóvenes peruanos de bajos recursos económicos. En el caso de otras culturas también se halló cifras parecidas a nuestro contexto, así por ejemplo, Aggarwal,-Omprakash y otros (2000) al estudiar la sexualidad de los estudiantes de medicina, en la India, encontraron que el 20% se consideró capaz de comunicarse con sus profesores, padre y personas del otro sexo acerca de temas sexuales. Este asunto tiene mucha importancia si se toma en consideración lo expuesto por Scheneiders, A (1969), quien considera que si adolescentes o jóvenes obtienen información sexual de padres o adultos, con los cuales están positivamente identificados, caen en menor número en actividades promiscuas.

Se encontró que los universitarios encuestados tuvieron sus primeras relaciones sexuales a una edad promedio 16 años. Esta edad también fue encontrada por Mahler, K (1997) en los jóvenes varones de recursos económicos bajos. Sin embargo, estos datos difieren de los encontrados por Chirinos, J. L., Brindis, C., Tye, S. y McCarter, V. (2001) al estudiar a una muestra de jóvenes de Lima (Perú) y otra de California (Estados Unidos), en quienes la edad promedio de inicio de relaciones sexuales en los varones es de 13 años para ambas muestras. Esto último también fue encontrado por Magnani, R., Seiber, E., Zielinski Gutierrez, E. y Vereau, D. (Aug., 1999) al estudiar la sexualidad de los varones peruanos, estudiantes de los colegios urbanos. Al parecer, los universitarios varones encuestados, por lo general, presentan una edad más tardía de inicio en sus relaciones sexuales respecto a la generalidad de los varones.

En nuestra muestra de estudio se encontró que 16% de los universitarios no han tenido todavía relaciones sexuales. Así también, Chirinos, J. L., Brindis, C., Tye, S. y McCarter, V. (2001), al estudiar a los jóvenes de 12 a 19 años, encontró que 43% de los varones limeños y californianos habían tenido relaciones sexuales.. Podemos observar cierta diferencia al comparar estas cifras con las obtenidas por Alzate, H (1977), en Colombia y Soto y Cáceres (1975), en Trujillo-Perú, en donde el porcentaje de universitarios varones que habían tenido relaciones sexuales fue de 91% para ambas muestras. Es decir, el porcentaje de universitarios varones que tienen relaciones sexuales en la actualidad es menor que los de hace tres décadas atrás.

En la actualidad, en el contexto de la promoción de la salud sexual, la integración de sentimientos y la promoción de afectos más relacionales en la sexualidad de los varones, surge un importante acontecimiento por conocer, referido a la persona o personaje con el cual se inician sexualmente los universitarios varones. Soto y Cáceres (1975), encontró que de los universitarios varones trujillanos de los años setenta, el 75 % se inició sexualmente con una prostituta o con una empleada. Algo similar fue encontrado por Nencel, L. (1994) en un estudio de varones limeños, de quienes su primera experiencia sexual fue típicamente con una prostituta o una pareja eventual. Respecto a nuestros encuestados, se encontró que los universitarios en mayor porcentaje (29.3%) tuvo su primera relación sexual con su enamorada, seguido de quienes consideraron a una amiga eventual (20.2%) y una amiga conocida (16.0%), los porcentajes fueron menores entre los que manifestaron que se iniciaron sexualmente con una prostituta (4.2%) o empleada (7.8%). Por lo visto, los universitarios de nuestros tiempos tienden a iniciarse sexualmente con una persona conocida, aunque el alto porcentaje de aquellos que se iniciaron con una amiga eventual contradiga esta afirmación.

Según los datos hallados, el porcentaje de universitarios que no tienen pareja es superior al 50%, esta cifra nos permite inferir que aproximadamente la mitad de los universitarios no vivencia su sexualidad a través de una relación de pareja. También se encontró que 31.6% (cerca de un tercio) manifestaron que tienen relaciones sexuales con su pareja o enamorada. Acerca del nivel de satisfacción que los universitarios consideran alcanzar en la atención de necesidades sexuales, alrededor de un tercio de ellos considera que nunca o raras veces las satisfacen. Estas cifras tienen gran implicancia para la salud sexual y el bienestar personal. Así por ejemplo, McCabe,-Marita-P.; y Cummins,-Robert-A. (1999) encontraron relación entre las variables actitudes y experiencias sexuales, y la variable calidad de vida.

Respecto a la principal fuente de excitación sexual de los universitarios de la muestra de estudio, se encontró que más de un tercio considera a su pareja o enamorada, seguido en importancia a otras mujeres y el que sólo ocurre. Este dato tiene correspondencia con la cifra de universitarios que consideran que la principal respuesta a su excitación sexual es tener sexo con su pareja (30.9%), el porcentaje de universitarios que tienen pareja (inferior al 50%) y con el hecho que el mayor porcentaje de universitarios (40.1%) hace cualquier cosa para distraerse en caso de percibirse sexualmente excitado.

Entre las principales limitaciones que considera los universitarios hacia la satisfacción de sus deseos sexuales está el peligro al embarazo (34.9%) y el no tener pareja (24.2%). Respecto a lo primero, existe una coincidencia con lo hallado por Schofield, M (1977), en adolescentes ingleses, este autor encontró que tanto mujeres como varones tienen el temor al embarazo como principal limitación a su actividad sexual, siendo mayor en estos últimos. Este temor también fue hallado por Barke,-Rosemary-Elizabeth (1998), en universitarios varones estadounidenses.

Más de dos tercios de los universitarios de nuestra muestra de estudio (68.8%) consideran que tendrían relaciones sexuales con una mujer a quien no aman, al igual que un quinto (22.8%) de los universitarios refirieron haber tenido relaciones sexuales con una prostituta. La tendencia varonil hacia el la relaciones sexuales, no necesariamente afectivas, con un mayor número de mujeres fue hallada por Hendrick y Hendrick (1986), encontrando que los hombres, en general, dan más importancia al amor pasional (eros) y al lúdico o de entretenimiento (ludus) (Sprecher et al. 1994).

Entre las características femeninas que más valoran los universitarios de nuestra muestra de estudio desatacan: Tener buen cuerpo (63.5%), Ser cariñosa (44.0%), tener hermoso rostro (40.0%) Ser inteligente (40.0%) y Ser tierna (31.0%). Al parecer, todas ellas, excepto la cuarta, tienen coincidencia con tesis socio-biológica acerca del valor que dan los varones a la salud, belleza, la juventud, es decir, signos de capacidad reproductiva en la elección de su pareja, además de aquellas características que le aseguren una constante retribución afectiva (Bailey y col., 1994; Kenrick y Keefe, 1992). Respecto a la inteligencia como carácterística femenina, esto tendría lugar en el actual escenario social en el cual la participación educativa, laboral y política de la mujer es cada vez más resaltante.

Entre las características sexuales masculinas que más valoran los universitarios está la caballerosidad (44%) y la inteligencia (30.3%). Ambas son características que responderían a la tesis socio-biológica según la cual las mujeres valoran a sus parejas masculinas a partir de su capacidad para responder de modo rápido y eficiente a sus necesidades de protección y atención.

Se encontró, asimismo, que el mayor porcentaje de universitarios considera que tiene una ligera vivencia religiosa (24.8%). Además, cerca del 32% considera que la religión le ha permitido tener respeto hacia el sexo opuesto y 30% no ve la relación entre sus puntos de vista religioso y la sexualidad. De esto, observamos que si bien no es alto el nivel de vivencia religiosa en los universitarios, se da un alto valor a su rol direccional en campo de la sexualidad.

A partir de las hipótesis de investigación planteadas se encontró que la variable socio-cultural ciudad de estudios está asociada a con las variables tenencia de pareja y relaciones sexuales con la pareja; más no se encontró asociación con las variables actividad masturbatoria y satisfacción de deseos sexuales. Dada las cualidades de las variables mencionadas, las dos primeras con características relacionales o interpersonales y las dos últimas con características exclusivamente personales, esto nos indica que existe diferencia en la sexualidad de los universitarios en el nivel relacional cuando se considera si estudian en Lima o Cuzco.

Respecto a la variable socio-cultural actividad laboral, se encontró similitud con la variable ciudad de estudios. La actividad laboral está asociada únicamente con las variables tenencia de pareja y relaciones sexuales con su pareja. Existiría, entonces, diferencias en los universitarios en su sexualidad relacional cuando se compara a los universitarios que trabajan y los que no trabajan.

Nuestro estudio halló, también, que la variable socio-cultural vivencia religiosa está asociada con las variables tenencia de pareja, relaciones sexuales con su pareja y satisfacción de los deseos sexual, excepto la variable actividad masturbatoria. Es decir, el nivel en que un universitario grado de vivencia su religiosidad influye no sólo en la sexualidad relacional sino también en la personal. La influencia que ejerce la religión sobre la sexualidad humana también ha sido observada en estudios tales como los de Shofield, M (1977), Philips Hughes (1997); Perry, B y otros (1999).

 

 

 

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