DISMENORREA EN JÓVENES UNIVERSITARIAS DE LIMA-PERÚ
Por: Roa Mego, Ysis
1. LA DISMENORREA EN EL AMBITO INTERNACIONAL:
El dolor menstrual, de cualquier intensidad, es un fenómeno muy frecuente. Diversas estadísticas indican que más del 50% (y hasta casi el 75%) de las adolescentes lo presentan (Iglesias, Camarasa y Ceentelles, 1987; Andersch y Milsom, 1982; Klein y Litt, 1981; Åkerlund, 1998; Wilson, Emans y Mansfield, 1984; Johnson, 1988). Larroy (1991) encontró, sobre una muestra de 574 mujeres americanas de entre 12 y 45 años, que el 74, 3% sufría dismenorrea en, al menos, cuatro menstruaciones al año, y que el 54,2% presentaba el trastorno de forma crónica. Entre las adolescentes y las jóvenes estos porcentajes eran superiores, 77% y 76% respectivamente, que entre las mujeres de mayor edad (63%). Así, González, M. e Ibarra Farías, M. (1999) en una investigación realizada en Chile, con una muestra de 242 estudiantes y con una confiabilidad del 95 por ciento, encontraron dentro de los resultados una prevalencia de un 83.9 por ciento del síndrome premenstrual y de 85.5 por ciento de dismenorrea. La sintomatología fue evaluada en tres dimensiones (anímica, somática y conductual), presentando un 76 por ciento de la población sintomatología en todas las dimensiones.
Para documentar la existencia del síndrome pre-menstrual o dismenorrea se han utilizado cuatro tipos de estudios. En primer lugar, se ha tratado de correlacionar las conductas observables con las fases del ciclo. Por ejemplo, se ha descubierto que una importante proporción de suicidios y actos criminales de violencia cometidos por mujeres tienen lugar durante los cuatro días premenstruales y los cuatro menstruales del ciclo (Dalton, 1964). El 45% de las mujeres trabajadoras que enferman, el 46% de las que reciben atención psiquiátrica y el 52% de las que ingresan por urgencias a causa de accidentes se encuentran en el período de los ocho días premenstruales o menstruales. Además, las madres del 54% de los niños que llegan a los centros de salud con pequeños resfriados se encuentran en los ocho días premenstruales y menstruales, lo que quizá indique un aumento de su ansiedad en esos días (Dalton, 1966). Por tanto, el síndrome premenstrual puede tener consecuencias importantes y de largo alcance mayores de las que se ha supuesto. El segundo tipo de estudio utilizado para documentar el síndrome premenstrual se basa en cuestionarios en los que se pide a las mujeres que informen en retrospectiva de sus síntomas y estados de ánimo en distintas fases del ciclo. El tercer tipo de estudio utiliza informes diarios a las mujeres a lo largo del ciclo. Estos estudios suelen poner de manifiesto estados de ánimo positivos en torno al momento de la ovulación y diversos síntomas premenstruales, como ansiedad, irritabilidad, depresión, fatiga y dolores de cabeza (Parlee, 1973). El cuarto enfoque evita las preguntas directas sobre los síntomas a las mujeres, utilizando, en cambio, una técnica proyectiva, según la cual las participantes cuentan relatos a intervalos regulares durante el ciclo. Estas historias se someten a examen, asignándoles una puntuación normalizada según los temas que traten. Un ejemplo de este enfoque es el estudio de Ivey y Bardwick (1968), que grabaron los relatos espontáneos de 26 estudiantes universitarias en los momentos correspondientes a su ovulación y pre-menstruación durante dos ciclos menstruales, puntuando las historias mediante la Verbal Anxiety Scale de Gottschalk y Gleser. Descubrieron que estas mujeres normales mostraban una ansiedad muy elevada con respecto a la muerte, la mutilación y la separación en la época premenstrual, mientras que, durante la ovulación, la confianza en sí mismas y la autoestima eran mayores. En resumen, los resultados de la investigación, utilizando estos enfoques indican que el estado de ánimo fluctúa según las fases del ciclo menstrual.
Los cuadros de dismenorrea pueden llegar a ser severos. Entre el 10 y 15% de todas las mujeres que la padecen, pueden presentar cuadros severos de dolor, y en el 5% puede ser tan severo que genere notoria incapacidad para las actividades diarias, siendo importante causa de ausentismo académico y/o laboral. Dawood ( 1985) señala que en los Estados Unidos cada año se pierden 600 millones de horas laborales y 2 mil millones de dólares a consecuencia de la dismenorrea primaria. Sentencia además el mismo autor que aquellas mujeres que insisten en trabajar mientras sufren de dolor menstrual, generan menor productividad, posiblemente tienen incrementado el riesgo de accidentes laborales y la calidad del trabajo es menor.
Para muchas jóvenes el dolor menstrual resulta limitante de su actividad diaria, aunque el porcentaje varía – según las poblaciones estudiadas – entre el 10 y el 59% (Andersch y Milsom, 1982; Johnson, 1988; Balasch ,1990; Harlow y Park, 1996; Hillen, Grbavac, Johnston, Straton y Keogh, 1999). Entre 8 y 46% de las adolescentes faltan a los estudios en cada menstruación (Andersch y Milsom, 1982; Klein y Litt, 1981; Johnson, 1988; Hillen, Grbavac, Johnston, Straton y Keogh, 1999; Vicdan, Kukner, Dabakoglu, Ergin, Keles y Gokmen, 1996; Widholm y Kanter, 1971; Widholm, 1979). Las diferencias entre los porcentajes que surgen de distintas estadísticas, podrían obedecer al hecho de que esas características parecen irse acentuando con el pasaje de los años; así en un estudio mexicano, los porcentajes de ausentismo escolar fueron 4.3% para las menores de 15 años, 9.3% para 15-19 años y 19.8% para 20-24 años (Pedron-Nuevo, Gonzalez-Unzaga, De Celis-Carrillo, Reynoso-Isla, y De La Torre-Romeral, 1998). En los casos más severos pueden aparecer náuseas, diarrea, cefalea, etc. (Balasch ,1990; Arici, Behrman y Keefe, 1999; Schroeder y Sanfilipo, 1999). Así, el estudio de Larroy (1991) constató que el 37,3% de las mujeres dismenorréicas califican la intensidad del dolor menstrual como severa, alrededor del 57% utiliza medicación de forma habitual para aliviar el dolor y el 57% requiere reposo y/o abandono de las actividades entre una y tres horas, debido a la dismenorrea.
La depresión, la ansiedad, la irritabilidad y el descenso en la estimación de sí mismas, han sido mencionados como síndromes que afectan de un 24 a un 100 por 100 de la población estudiada. Sutherland y Stewart (1965) estudiaron a 150 mujeres y descubrieron que la depresión y la irritabilidad premenstruales se asociaban con un amplio cuadro de síntomas físicos desagradables. Aparecía irritabilidad premenstrual en el 69 por 100 de la muestra; depresión, en un 63 por 100, y en un 45 por 100 de los casos se daban juntas estas dos alteraciones. Coopen y Kassel (1963), en un estudio con 465 mujeres, descubrieron que la depresión y la irritabilidad eran, en general, mayores antes de la menstruación que en el curso de la misma. Shainess (1961) descubrió también que la fase premenstrual suele acompañarse de sentimientos de indefensión, ansiedad y hostilidad defensiva, así como ansias de ser amada. En otro estudio, en las respuestas a un cuestionario, entre el 30 y el 50% de 839 mujeres jóvenes casadas indicaban ciclos de los estados de ánimo con respecto a la irritabilidad, la tensión y la depresión (Moss, 1968)
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