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seccion: Sexualidad
INDICE
RESUMEN
INTRODUCCION
METODO
RESULTADOS
DISCUSION
CONCLUSIONES
AGRADECIMIENTOS
REFERENCIAS

EXPERIENCIAS INFANTILES Y TRASTORNOS EN LA SEXUALIDAD EN JÓVENES UNIVERSITARIAS DE LIMA

Psic. Roa Meggo, Ysis
INTRODUCCIÓN:
Las necesidades económicas y profesionales actuales obligan que muchas mujeres trabajen fuera del hogar. Para muchos investigadores del desarrollo esta situación es perjudicial porque disminuye los cuidados, protección y soporte afectivo que necesita, para su adecuado desarrollo, el niño (Ribble, 1943; Freud A., 1965; Goldfarb, 1943; Spitz, 1945, 1946; Bender, 1947; Glueck, 1950; Ainsworth, 1966, 1972; Bowlby, 1958, 1966, 1969; Bowlby, Robertson y Rosenbluth, 1952; Odier, 1947, 1950, Reymond Rivier, 1980; Benedek, 1959; Winnicott, 1956; Porot, 1969; Schaffer y Emerson, 1964; Rutter, 1990, entre otros).

Así es, el modelo del mercado laboral actual presupone una sociedad sin familia y sin matrimonio. Debido a las exigencias de este mercado, cada uno debería ser independiente, libre para así asegurar su existencia económica. Es así que el sujeto del mercado es, en última consecuencia, el individuo soltero, no “entorpecido” por relaciones amorosas, matrimoniales o familiares. La sociedad del mercado vista de esta forma es, por consiguiente, también una sociedad sin niños, a no ser que los hijos crezcan con madres y padres solteros. (Beck y Beck-Gerseihm, 1996)

Si bien la mujer contemporánea ha logrado aumentar su participación social y productiva, su participación en el cuidado de sus hijos ha disminuido. A decir de Marie Langer (1987, Pág. 13) tal situación acarrea distintos trastornos en su sexualidad: “Antaño la sociedad imponía a la mujer severas restricciones en el terreno sexual (tomando el término en el sentido más estricto) y social, pero favorecía el desarrollo de sus actividades y funciones maternales. Las consecuencias de estas restricciones fueron la gran frecuencia de la histeria y otras manifestaciones psiconeuróticas en la mujer. Sin embargo, parece haber sufrido relativamente poco de trastornos psicosomáticos en sus funciones procreativas.” Y esto según la autora se origina porque “La mujer actual que se adapta totalmente a una sociedad tan antiinstintiva y antimaternal sufrirá, de alguna manera, las consecuencias, siempre que no sepa integrar su logro profesional con su vida amorosa y de madre.”(Langer, 1987; Pág. 23)

Pero aunque esta influencia ambiental es importante, los trastornos que padecen las mujeres pueden deberse a otro factor más importante que aún no ha sido objeto de análisis empírico. Los investigadores de la sexualidad femenina encontraron un trasfondo psicológico importante en la historia de estas mujeres, causante de los trastornos en la menstruación, la fertilidad, la gestación, el parto, la lactancia y el climaterio. La bibliografía existente documenta el hecho de que muchos de los trastornos ocurridos en la sexualidad de las jóvenes (dismenorrea, amenorrea, toxemia, hiperemésis gravídica, infertilidad, parto doloroso, frigidez, etc.) son producto de una relación hostil o fría con la madre durante la infancia. (Langer, 1948, Deutsch, 1947; Meierhofer, 1975; Read, 1944; Lorand, 1939; Heilbrun, 1965ª, 1968; Lynn, 1962; Sears, 1965; Wright y Taska, 1966; Mussen y Rutherford, 1963; Weiss y English, 1957; Drellich y Bieber, 1958; Després, 1937; Rheingold, 1964; Mann, 1959; Coppen, 1959; Barrucand, 1968; Benedek, 1959b entre otros)

En su mayoría, los estudios se realizaron bajo métodos retrospectivos en los cuales se analizaba junto a las pacientes su vida pretérita y los hechos que pudieron convertirse en orígenes de trastornos en su vida actual. Los estudios realizados por psicoanalistas tales como Helen Deutsch, Marie Langer, Joyce Mc Dougall, Marie Meierhofer entre otros, encontraron que la relación que la niña tuvo en la infancia, principalmente la relación con su madre, establecía núcleos psicológicos inconscientes importantes que la predisponían a reaccionar no solo favorable o desfavorablemente ante procesos propios de su sexualidad tales como la menarquia, el embarazo o el parto, sino que también influían en sus relaciones con sus parejas y en la forma en cómo consideraban debía ser la crianza de un niño. A decir de Helen Deutsch (1960): “Las mujeres que no han recibido amor maternal en su infancia presentan menos tendencia maternal”.

Estos investigadores demostraron que “la primera relación amorosa entre la niña y la madre es fundamental para su capacidad de identificarse más tarde con ella. Si la madre ha sido buena y la niña logra esta identificación, será una buena madre para sus hijos y una buena esposa para su marido. Pero si la relación con la madre fue conflictiva, existe el peligro de que más tarde repita los mismos conflictos con su marido.” (Langer, 1987; Pág. 38). Destacando el hecho de que una identificación saludable en los niños solo puede ser alcanzada “a través del vínculo que se establece entre la madre y el padre. Y para que éste aprendizaje sea exitoso, hace falta el ejemplo de padres que se quieran, que sepan gozar juntos sexualmente. La hija de una madre amada y feliz, tratará de identificarse con ella y las demás personas de su sexo, y aprenderá como complementar su carácter con el del padre, primer representante masculino para ella.” (Langer, 1987; Pág. 234)

Posteriormente, estos estudios fueron comprobados en investigaciones con niñas y jovencitas realizadas por Lynn (1962), Wright y Taska (1966), entre otros. Estos autores encontraron que el grupo más femenino mostraba más cordialidad respecto a los padres que el grupo más bajo en femineidad. En cambio, los sujetos de Lynn, que puntuaban bajo en femineidad, atribuían más hostilidad hacia la figura de la madre que a la figura del padre. Siendo este hallazgo consecuente con el de Gray y Klaus (1956) quienes señalaban que las niñas con más afecto hacia sus madres se veían a sí mismas como muy semejantes a ellas. En otro estudio sobre 2650 estudiantes femeninas de college, Wright y Taska (1966) encontraron que las mujeres femeninas recordaban una madre emocionalmente satisfactoria y un padre favorable. Con respecto al embarazo Després (1937) informaba sobre las actitudes de 100 primíparas. Esta autora encontró que las mujeres con actitudes más favorables hacia sus embarazos eran menos neuróticas y habían tenido una relación más estrecha con sus madres. Barrucand (1968) encontró que 22 de las 24 mujeres con vómitos incontrolados en los primeros tres o cuatro meses de embarazo eran emocionalmente inmaduras, especialmente en la relación con sus madres. Coppen (1958) encontró que las mujeres que padecían toxemia en el embarazo habían tenido una menarquía con más disturbios emocionales, tensión pre-menstrual, pobre ajuste sexual, síntomas psiquiátricos durante el embarazo, y sentimientos enfermizos respecto del mismo, más acidez y vómitos repentinos durante el estado de gestación, altas puntuaciones en la escala de neuroticismo en el Maudsley y puntuaciones andrógenas anormales que indicaban conflicto con su femineidad. Rheingold (1964) habría sugerido también que los muchos y variados problemas de la función femenina tienden a estar relacionados y dependen de la misma fuente: problemas en la temprana relación con la madre.

Debido a las investigaciones realizadas podemos decir que la relación con la madre, en los primeros años de vida, se encuentra entre los factores decisivos para el buen curso de los aspectos de la sexualidad femenina adulta. Las crisis que se presentan en las etapas biológicas de la sexualidad femenina, tales como la menarquía, el embarazo, el parto, la lactancia, etc., al parecer son reviviscencias de conflictos psicológicos no resueltos en períodos más tempranos del desarrollo, conflictos que ocasionaron fallas en el proceso de identificación. La mayoría de psicoanalistas que se han dedicado a estudiar la sexualidad femenina coinciden con los conceptos citados. (Deutsch, 1960; Meierhofer, 1975; McDougall, 1996; Langer, 1987, entre otros)

La experiencia cotidiana muestra que las jóvenes poseen una información distorsionada de los hechos mencionados, encontrándose que esta distorsión proviene de relaciones particularmente disfuncionales en la primera infancia con los padres, en especial con la madre, predisponiéndolas en una forma errónea a concebir tales hechos. Tal es así que cuando, por ejemplo, la identificación de la gestante con su progenitora se dio en una atmósfera notoriamente comprensiva y protectora, el embarazo tiende a cursar con tranquilidad y la lactancia a ser satisfactoria, sino hay interferencias actuales (Montes y Silva, 1991) Siendo esta una consecuencia de la clase de relación primigenia con la madre la cual juega un rol muy importante. A decir de Langer (1987; Pág. 195): “… la mujer embarazada necesita amparo y protección, porque sufre una regresión parcial. Su estado despierta sus angustias tempranas y principalmente las ligadas a la relación con su madre”.

La experiencia psicoanalítica demuestra que las enseñanzas impartidas consciente o inconscientemente por los padres, la coincidencia o la diferencia entre las palabras y los hechos, el lenguaje verbal y preverbal, son incorporadas en el aprendizaje vital de los hijos y se refieren más a las vivencias compartidas que a lo aprendido por medio de las palabras. Por lo que el conocimiento afectivo de esta evolución debe ser inicialmente afectivo antes de encararlo como un proceso intelectual. Esto se señala para explicar el hallazgo contradictorio de muchas investigaciones actuales que demuestran a jóvenes muy informados para poder conducir su sexualidad de la forma más sana y saludable posible, pero que sus conductas sexuales siguen siendo de riesgo. (Véase las investigaciones de Lescano, 2001; Padilla de Gil, 2000; entre otros)

A decir de Joyce McDougall (1996; Pág. 37) “Si el niño tiene desde su primera infancia progenitores que se aman, se desean y se respetan recíprocamente, y cuyas eventuales disensiones no son duraderas (lo que quiere decir que aprenden que la agresión no es peligrosa cuando el amor es más fuerte que el odio), él se inclinará a seguir el modelo parental en su vida. La niña tratará de identificarse con la madre, no solo en su maternidad sino también en sus relaciones amorosas y sexuales.” Enfatizando el hecho de que si bien los padres pueden enseñarle al niño mediante las palabras lo adecuado o no de ciertos comportamientos, el niño solo podrá comprenderlo, creerlo y aceptarlo cuando ellos sean un ejemplo real de estos comportamientos. Demostrando las investigaciones citadas la imposibilidad de una evolución adecuada sin la integración de la tríada primaria: madre-padre-hijo.

Acorde a lo dicho, mediante la presente investigación se pretende analizar la vigencia de los contenidos de las teorías psicológicas sobre el desarrollo sexual femenino, precisar si aún se mantienen vigentes y si se aplican a nuestra población femenina. De modo general, se pretende responder si existe una influencia entre las experiencias infantiles y los trastornos de la sexualidad en una población femenina.

Así, los objetivos de la presente investigación son determinar la incidencia y prevalencia de los trastornos en la sexualidad femenina de una muestra de estudiantes universitarias de Lima, así como precisar la relación entre las experiencias infantiles con los padres y los trastornos en la sexualidad actual.


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