Negociación, ataque psicológico, ataque físico, coerción sexual y daño físico en parejas universitarias de Lima - Perú
Psic. Arístides A. Vara Horna
1. APROXIMACIONES TEÓRICAS AL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA FAMILIAR Y LA VIOLENCIA EN LA PAREJA
Conflictos y violencia familiar
Los conflictos familiares son uno de los resultados posibles de la convivencia social. En ese sentido, ponen de manifiesto la diferencia de intereses, deseos y valores de quienes participan en ella (Straus y Gelles, 1986).
La familia atraviesa diferentes etapas de desarrollo, las que favorecen la aparición de sucesivas formas de conflicto. Debido a ello, el centro de la cuestión no sería evitarlos, sino determinar el método utilizado para resolverlos. Si bien e l conflicto es una parte inevitable de todas las relaciones humanas, no lo es la violencia como táctica (Adams, 1965; Coser, 1956; Dahrendorf, 1959; Scanzoni, 1972; Simmel, 1955; Straus, 1979). Son claras las diferencias de un conflicto resuelto mediante la puesta en juego de conocimientos, aptitudes y habilidades comunicativas y, otro que se resuelve mediante la utilización de la violencia en cualquiera de sus formas (física, sexual o psicológica).
Así, es necesario distinguir entre estos dos conceptos clave que muchas veces se confunden:
Conflicto familiar: |
Es un episodio que aparece frente a las situaciones familiares nuevas (nacimiento de los hijos, ingreso de los hijos al colegio, cambio de empleo, enfermedad, etc.), obligando a sus miembros a usar destrezas y habilidades para adaptarse a ellas. |
Violencia familiar: |
Se refiere a todos los actos abusivos que tienen lugar en las relaciones cotidianas entre los miembros de la familia. Para hablar de violencia familiar la situación de maltrato debe ser crónica y permanente (o periódica), y supone daño o intención de daño a cualquiera de sus miembros. |
Entonces, un conflicto familiar es, hasta cierto punto, una situación deseable ya que permite el desarrollo de aptitudes y destrezas en los miembros de la familia, necesarias para resolver situaciones difíciles futuras. Por el contrario, en la situación violenta no hay un empleo de tácticas de negociación y comunicación, sino de ataques abusivos de todo tipo.
Ha sido difícil, teórica y empíricamente, describir la evolución diferenciada entre un conflicto familiar y la violencia familiar. Richard Gelles y Murray Straus (1979) identificaron las características únicas de la familia que contribuyen a hacer de ella una institución violenta. Sin embargo, Straus & Hotaling (1979), señalaron que, irónicamente, estas mismas características servían también para hacerla calurosa, favorable y generadora de un ambiente íntimo y productivo. Por ello, se puede concluir que los conflictos familiares de origen socio-demográfico (por ejemplo, desempleo, hacinamiento, nivel educativo, etc.) pueden desembocar en ataques violentos o mejorar el desarrollo de la familia.
Para entender mejor la dinámica de los conflictos y de la violencia es necesario definir primero algunos conceptos claves, tales como: violencia, actos abusivos, ataques físicos.
1. 2. ¿Cuándo una acción es violenta?
Uno de los problemas iniciales, y más persistentes, en el campo de la violencia familiar ha sido el desarrollar una definición de violencia y abuso que sea útil, clara, y aceptable. Por ejemplo, aquellos que han estudiado el abuso de los niños intentaron, durante años, desarrollar una definición aceptable y han encontrado -después de innumerables conferencias, talleres, y publicaciones- que hay tantas definiciones de violencia como estudiosos en el campo (National Research Council, 1993).
Una de las primeras definiciones de abuso de los niños fue usada por el médico C. Henry Kempe y sus colegas (Kempe, Silverman, Steele & Droegemueller, 1962) en su artículo “El síndrome del niño golpeado”. Kempe, definió al abuso de niños como una condición clínica (es decir, con diagnóstico médico y síntomas físicos) en la que éstos son deliberadamente causados por un ataque físico.
Pese a la popularidad de esta definición, ésta es muy limitada ya que restringe el abuso sólo a los actos de ataque físico que producen un diagnóstico de daño. Por ejemplo, si una madre toma un arma, dispara contra su hijo y falla, de acuerdo a muchas definiciones de abuso (como la de Kempe) este acto no debe ser considerado abusivo ya que no produce daño físico evidente. Es obvio que se produce un daño cuando una madre le dispara a su hijo –aún cuando falle-, pero el acto por sí mismo no se consideraría como abuso, según los términos estrictos de esta definición. Entonces, una definición ideal de abuso deberá incluir actos potencialmente dañinos que por alguna razón no produjeron un daño aparente.
Siguiendo esta lógica, El National Center on Child Abuse and Neglect (una agencia del gobierno federal de Estados Unidos establecida en 1974) amplía la definición de abuso al incluir actos no físicos en ella. La definición de abuso de esta agencia es:
“El daño físico o mental, abuso sexual, tratamiento negligente, o maltrato de menores de 18 años por una persona que es responsable de su bienestar bajo circunstancias que indican que la salud o bienestar del niño es dañada o amenazada por ella”. (Public Law 93-237;42 U.S.C. 5106g)
Según esta definición, el abuso de niños incluiría actos de acción y omisión (o actos de negligencia) y actos de ataque que, potencialmente, podrían dañar. Esta definición, aunque más exhaustiva que la anterior, produce una serie de limitaciones a la hora de distinguir qué actos son negligentes o violentos y qué actos son correctivos o educacionales. Por ejemplo, una madre que “le da con la correa” a sus hijos no suele ser considerada violenta o abusiva. Mucha gente cree que “darle con la correa” a los hijos es normal, necesario y bueno. Casi el 90% de padres informan que “le han dado correazos” a sus hijos. Asimismo, uno de cada cuatro hombres y una de cada seis mujeres creen que bajo ciertas condiciones (por ejemplo, infidelidad), es apropiado para el marido golpear a su esposa o viceversa (Gelles & Straus, 1988; Stark & McEvoy, 1970).
En consecuencia, algunos investigadores considerarán importante, que al definir la violencia, se separen los actos “normales de fuerza” de los actos “anormales de daño” o violencia propiamente dicha. Aunque tal separación pueda parecer deseable, distinguir entre actos aceptables y no aceptables crea más dificultades de lo que uno puede imaginar. Un problema mayor es: ¿quién decide que actos de violencia son legítimos o ilegítimos? ¿Es “abusivo” pegar a un niño sin dejar huella de daño físico, considerando que “violencia” es pegar a un niño y causar marcas y moretones en alguna parte de su cuerpo?
La decisión ¿debe ser tomada por la persona que es golpeada, por la persona que golpea, por los agentes de control social como la policía, las trabajadoras sociales, o los jueces? ¿ La decisión debe ser tomada por los científicos sociales?.
Jeanne Giovannoni y Rosina Becerra realizaron un estudio profundo de las definiciones de abuso de niños, y encontraron que la definición de abuso utilizada por los profesionales sociales varia según la categoría y profesión. Los oficiales de policía, trabajadoras sociales, médicos y abogados tienen diferentes visiones sobre lo que consideran como abuso de niños. Por otro lado, la definición de abuso varía según la clase social, raza y el grupo étnico (Giovannoni & Becerra, 1979). El hecho que las definiciones de abuso varíen de profesión en profesión hace imposible su comparación.
Una definición de violencia La dificultad en definir que actos son violentos y que actos son físicos pero no violentos, se debe a las diferencias culturales (y visiones al interior de cada cultura) de si ciertos comportamientos son o no aceptables. Sería muy complicado encontrar una definición que dependiera de: el momento y lugar donde el comportamiento violento tiene lugar, el tamaño del agresor o agresora, el tamaño de la víctima, y las reacciones de los testigos del comportamiento violento. Por tales razones, de aquí en adelante, se utilizará una definición que ve a la violencia como
“un acto llevado a cabo con la intención de causar dolor físico o lesión a otra persona” .
El dolor físico puede extenderse desde un dolor ligero (como el causado por una palmada en el cuello o rostro) hasta lesiones graves que pueden causar la muerte (quemaduras, cortes, fracturas, etc.). Para entender la visión cotidiana que se tiene sobre la violencia, ésta debe verse de una manera diferente. No debería clasificarse la violencia según el daño producido, sino desde el potencial de daño que el acto violento trae consigo, se produzca o no el daño. Esto es útil para considerar dos categorías de violencia: los ataques leves y los ataques de gravedad o abusivos .
Ataques leves: Por lo general, se consideran ataques leves a las cachetadas, los empujones, y las “zurradas” que, frecuentemente, son consideradas normales o aceptables como castigo correctivo para los hijos. Mucha gente no está de acuerdo con llamar “violentos” a estos actos. Esto es especialmente cierto en el caso de los “correazos”. Investigadores de la violencia familiar, quienes son vistos u oídos a través de programas de televisión o radio, o quienes son entrevistados por la prensa, frecuentemente reciben cartas de indignación de gente que critica el llamar “violencia” a un “correazo”: “no utilicé la correa y estropeé a mi niño” “me castigaron con la correa y yo necesité eso” “mi pequeño estaría ahora muerto si yo no le hubiese dado correazos, eso le permitió saber que él no debe beber o comer ciertas cosas” (Gelles, 1998). Estos y otros argumentos, generalmente utilizados por aquellos que golpean, incluyen los ataques físicos que se consideran “leves”.
Ataques de gravedad o abusivos : Se refiere a los actos más peligrosos, es decir, aquellos que tienen un alto potencial de daño. Esta definición incluye los puñetazos, patadas, mordiscos, ahogamientos, quemaduras, ataques e intentos de ataque con objetos punzo-cortantes o contundentes, disparos o intentos de asesinato.
Esta definición de ataque físico es más amplia y exhaustiva que las definiciones anteriores relacionadas al abuso de niños y mujeres, quienes típicamente requieren presentar un diagnóstico de daño para considerarse que hubo ataque físico. La razón para no clasificar la violencia a partir del daño producido sino del potencial de daño, es que diversas investigaciones realizadas sobre asalto y homicidio han encontrado, de forma consistente, que el daño de gravedad podía ser causado por actos violentos o por actos no violentos (Pitman & Handy, 1964; Pokorny, 1965; Wolfgan, 1958).
A pesar de la coherencia de la definición y clasificación presentadas, el golpear, quemar, disparar, así como otros actos de ataque físico, no incluyen todos los actos con potencial de daño que se cometen entre los miembros de la familia. Los ataques físicos no son la única forma de experimentar daño en las relaciones íntimas de las familias. Investigadores y psicólogos clínicos han encontrado que los efectos y consecuencias nocivas de la violencia emocional y/o psicológica son mayores y más profundos que las del ataque físico (Straus & Sweet, 1992; Vissing, Strauss, Gelles & Harrop, 1991). El abuso sexual también tiene consecuencias traumáticas (Browne & Finkelhor, 1986). Como se verá más adelante, todos estos actos de violencia están considerados en el CTS2 ( Conflict Tactics Scale ), instrumento psicométrico que mide hasta que punto los miembros de una relación familiar se ven envueltos en estos tipos de ataques.
..:: CONTINUA...
|